Bajo una marea naranja

Este post trata del miedo, del terror que unos cuantos españoles vamos a sentir hoy a las 20:30. Muchos de vosotros estareis en un bar con los amigos, en casa con la familia o en alguna terracita tomando un pinchito de tortilla. Nosotros estaremos en Holanda. EN HOLANDA. Que parece hasta gracioso. “Joer, Mari, la final y tú en Holanda, eh? Jajaja”.

Jajaja unos cojones. Que estamos pasándolo mal aquí, joder. Que antes molaba ser español en Eindhoven: Ibas por la calle y en cuanto la gente veía que eras de España todo era felicidad y alegría. Pero ahora no.

Antes del Mundial:

Señor por la calle: ” ¿Españolos?”.

Mari: “Sí.” – Sonrisa de felicidad.

Señor: “¡Ah! ¡España!! Si si si.” -Todo esto intercalado con algún que otro “Paella”, “Cerveza” y “Olé!”, y con caras alegres y risas espontáneas.

El Jueves pasado:

Fede y yo volviendo a casa en bici y, por supuesto, hablando en español.

Grupo de adolescentes eindhoveños: “¿Españolos?”

Mari:”Sí”. -Cara de felicidad. Aún no era consciente de que ahora no les caemos tan bien.

Grupo de adolescentes eindhoveños:”¡Ah! ¡España! No, no, no”.  Todo esto intercalado con algún “Vais a perder”, “Somos mejores” y con caras de mala leche y bufidos varios.

Apenas me dió tiempo a gritar a Fede un “Corre, cari, que nos linchaaaaan”, poner el “turbo” a la bici, y pedalear 10 minutos sin mirar atrás.

Vamos, que tensión en el ambiente hay. Si hasta Floor anda metiendo cizaña, que manda huevos. Y aún no hemos jugado el partido, señores. Si ganamos yo creo que no lo contamos. Al menos moriremos felices.

¡VAMOS ESPAÑA!

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