Soy madrina

Tengo un ahijado que es un amor. Tiene dos años y se llama Guille. El próximo finde voy a Medina a verle… Tengo unas ganas!!! La verdad es que le veo muy poquito y siempre que voy procuro llevarle algún regalito 🙂 Lo que pasa es que normalmente le llevo ropa (por aquello de no malcriarlo) y el pobre mío está ya hasta las narices.

La última vez que fui le compré dos camisetas y dos bañadores, que me dijo su madre que necesitaba para la pisci. Me fui a visitarle con un paquete precioso de colorines con ropa dentro. Claro, cuando le di el regalo Guille enloquecio. Vio el papel tan precioso y se debió de pensar que había un scalextric dentro (es que anda obsesionado con los coches, las rampas y tal).  Pero no. No lo había. El pobre niño, después de conseguir romper el paquete, metió la mano y sacó un manojo de ropa. Ni rampas, ni coches, ni nada.

Guille nos miraba inquieto. “¿Qué es toda esta ropeja?” Parecían decir sus ojos. Yo miraba a Cris en plan ‘mucho fondo de armario, nena, pero este niño me va a terminar odiando’. La pobre intentó salvar la situación como pudo:

– ¡Guille, son bañadores que te ha comprado la madrina para la pisciii! ¡Mira qué chulos!

Para Guille eso era de todo menos chulo. El quería coches, coches que yo no le daba. ¿Y qué tenía entre las manos? Un par de calzones impermeables  para la pisci y dos camisetas. Y ya. Un halo de desidia apareció en su cara. Nos dio la espalda y siguió jugando. Ni una palabra, ni un balbuceo… Nada.  Así que me juré a mi misma que la próxima vez que fuese a verle, además de ropa, le llevaría algún coche o algo porque, ¿qué iba a recordar el niño con más cariño? ¿Una pila de camisetas, pijamas y baberos o su primer Hot Wheels Del Apocalipsis? Todos sabemos la respuesta.

Por eso ayer, como me encuentro inmersa en el maravilloso mundo de la jornada reducida, me fui  de compras. “Já”, pensé, “me planto yo ahora en una juguetería en pleno mes de junio y fijo que lo pillo todo a cuatro duros. ¿Quién va a estar ahora comprando juguetes cuando Zara tiene descuentos en toda la tienda? ¿QUIEN?” Pues los ricos, sólo los ricos están comprando barbies en verano, porque no encuentras nada a menos de 50 euros. Nada. Y encima para Guille, que está en una edad muy mala, que pasas de las chustadas blanditas y sin sentido a los camiones de tamaño real pero con piezas pequeñas.

Después de media hora de mirar hello kittys varias, peluches, y cosas preciosas, me pasé a los coches, camiones y cosas feas decidida a comprarle un regalo genial a mi ahijado. Como era todo tan horrendo, tan caro y tan recomendado para mayores de 3 años, le pregunté a la dependienta.

– Perdone… ¿Tienen coches para niños de dos años?

– Sí, esos de ahí. – Me dice señalando unos coches-peluche de tamaño de un almohadón.

– Ya, no, pero esos no quiero, quiero de los pequeños con ruedas, para que juegue… Es que verá, el tiene unas rampas por donde los tira y…

– ¡¡UYUYUYUYUYYY!! ¿De esos coches tiene? Pues no no, eh, esos para niños de dos años NO. Son para mayores de 3… ¿No ve que son muy pequeños? ¡Se podría ahogar!

-Hombre, pero los que tiene son más grandes, no le entran en boca… – La mujer me miraba aterrada – Además cumple 3 años en noviembre, que es ya casi… ¿No tiene algo más grandes, en lugar de tipo micro machines?

-Bueno, a ver, hay unos de Hot Wheels – ¡Viva!, pensé – que son bastante grandes.

– ¡Esos, esos! Me los envuelve para regalo y le pone una etiquetita que diga “Para Guille de tu madrina del alma, en el día en el que no te regaló nada 100% algodón.”.

Mientras la mujerona envolvía el tema, me asaltó una duda. ¿Y si ya los tiene?

-Perdone, ¿se pueden cambiar no?

– Eh… Mmm… Bueno… A ver, sí, siempre que el paquete esté sin abrir, claro. Tiene que estar perfecto, porque si no…

“Ya, me imagino que si el niño abre el paquete, chupa los coches y luego te lo meto todo dentro y lo cierro con grapas no me lo cambias, chata”. Esto lo pensé, no se lo dije. A veces soy tan amable… En fin, que pagué los santos coches y me fui. También he cambiado los bañadores, que le quedaban enormes, por dos camisetas. Pero no os preocupeis, justo cuando abra el paquete textil y se prepare para lanzar su primer escupitajo en mi cara, le daré los coches, y me querrá de nuevo, que esta vez lo tengo todo pensado.

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